Un fascinante viaje al centro de la historia del entretenimiento electrónico, en tu propio idioma.
MARBLE MADNESS. Año: 1984. Casa: Atari.
No voy a hacer la típica gracia de traducir el título de Marble Madness al español porque la broma de Locura caniquera está un tanto gastada ya, aunque si tirásemos por lo literal de "Marble", Locura marmórea tampoco estaría tan mal.
Locura marmó Marble Madness, señoras y señores. Anda que no era curioso este videojuego.
En aquel entorno cultural de los años 80, tan fértil como volátil, parecía que los videojuegos habían alcanzado por fin una calma chicha y que, tras una explosión cámbrica de géneros, las aguas comenzaban a asentarse y ya no había ninguna gran novedad que ofrecer, nada original que pudiera realmente sorprendernos.
Y entonces llegó Locura mar Marble Madness.
Para empezar, si es cierto que la imitación es la forma más sincera de halago, no quiero ni imaginar lo halagado que debió de sentirse este juego con la palada de clones que tuvo y que salieron como setas. Así a bote pronto, se me ocurren Spindizzy y Gyroscope, pero seguro que hubo otros doscientos más*.
Y es que Marble Madness, conocido informalmente en Hispanoamérica como El quilombo de la bolita, y puede que también como Bolita desmadre, fue un exitazo mundial e incontestable, una locura, a la gente se le fue la bola.
Cegados por la brillantez de su diseño minimalista, muchos tardaron lo suyo en catalogar este juego debidamente, cuando en el fondo no era más que un simple juego de carreras y negociación, sobre todo negociación de curvas, desniveles y obstáculos, pero también negociación con nuestros padres para que nos dieran más monedas que meterle a la maquinita.
Marble Madness - también llamado Canica demencia en ciertas latitudes - consistía en algo tan sencillo como conducir una esfera del punto A al punto B a través de paisajes isométricos y pseudolaberínticos, como de M. C. Escher, en una carrera contra el tiempo.
Además de sus gráficos y su estilo tan como de porno geométrico, Marble Madness contaba a su favor con un rudimentario pero efectivo modelo de física 3D que hacía que la canica protagonista del juego respondiera a fenómenos físicos como la gravedad, la aceleración o la inercia, para solaz de ese profesor de ciencias cincuentón y de dudoso pasado romántico que todos, sin excepción, llevamos dentro.
Para acabar de redondear la jugada, el arcade venía con un dispositivo de control llamado "trackball", un artilugio que, no que yo sea virólogo ni nada, pero siempre me pareció ideal para transmitir el herpes.
Aun así, y a pesar de mi natural aprensión, hay que reconocer que eso de manosear una bola para mover la canica de la pantalla era un hallazgo inspirado, en plan rollo háptico u holístico o algo, genialidad que no pudo trasladarse a las versiones de ordenador porque casi nadie tenía un trackball desos, más que nada porque si pedías uno en casa te pegaban, por raro.
Joder, todo lo relacionado con Marble Madness - o Bola chiflada en determinados tugurios - fue una auténtica locura. La gente estaba turulata o atontada, como gilipollas. Un tío hasta se tatuó "MARBLE MAD" en la frente, ¿pueden creerlo? Pero el fenómeno no duró mucho: seis semanas y fuera. Enajenación transitoria, dijeron. Al final la gente pasaba de largo al ver este arcade porque se le había hecho bola. Lo que siempre ha pasado con las canicas, que son una moda pasajera.
A partir de ahí, todo el recorrido comercial que pudiera quedarle a Marble Madness pasaba por sus adaptaciones domésticas, que estuvieron marcadas por la dificultad, sobre todo la dificultad de vendernos un juego de canicas cuando la mayoría nos habíamos pasado ya a las peonzas con Spindizzy y Gyroscope.
Marble Madness tuvo en su apogeo más imitadores que Elvis, y todos acabaron royendo de la tarta que habían cocinado los de Atari, pero no sientan lástima.
En cierta forma les estuvo bien empleado por usar la Weltanschauung o cosmovisión de las canicas en un título en el que todo lo que era "gua, chivas, pie bueno, tute, retute (que se negociaba antes) y otra vez gua" brillaba por su ausencia, y eso no podía ser, muy mal: 6/10.
CÓMO JUGAR HOY A MARBLE MADNESS:
Este asunto queda fuera de mi esfera de influencia, pero pongamos que necesitas descargar e instalar el emulador MAME y una ROM de Marble Madness, además de la BIOS del Atari System 1. Todo un periplo por internet que ríete tú del nivel 5 de este juego, así que ánimo.